miércoles, 10 de diciembre de 2008

Te digo que no me escuches

... Y eso te lo digo porque sabes que siempre he creído que tú no eres de aquí. ¿Hoy por la mañana viste el cielo? ¿lo viste? Pensé que te gustaría, pero luego recordé que cualquier cielo es incomparable con el de aquel país, en el que todo es más bello.

Mírate, ¿hablas en serio cuando dices que eres feliz? ¿qué cosa es la que te obliga a permanecer en este lugar? Tus razones me resultan tan increíbles como los amaneceres que describes; pero después de todo te creo, te creo por ser tú y porque me gusta oírlo, y porque así son las cosas para mí a veces, cuando no hay ningún nogal malvado lanzando nueces sobre mi cabeza.

Es por eso que me paseo por este bosque, buscando un roble solitario que me preste sombra para ver mejor las cosas y me oculte de ese perverso sol que me ciega y me recuerda cada segundo que me derretiré si no encuentro pronto una cabaña, cualquier cosa que desee ser habitada o busque compañía.

¿Ves? A veces te entiendo muy bien, aunque no seas de aquí y hables con ese acento tan peculiar que a nadie más le he escuchado, mi querido extranjero. Tú sabes lo que quiero decir: por favor, no te vayas.

4 comentarios:

N. Samara Guzmán Fernández dijo...

que bonito escribes, deberias de hacer textos mas largos como libros :) ya tengo tu foto, cuando te la doy?

NOCOOL dijo...

muy bonito *_*

Hiena dijo...

eres bien enamora gentes

N. Samara Guzmán Fernández dijo...

ay nooo, yo te decia porque ya tengo una copia para ti, impresa en el laboratorio y toda la cosa jiji... : )